Guía completa

Una operación sencilla que se hace mal más a menudo de lo que parece

Cambiar el aceite parece de lo más básico del mantenimiento de un coche, y sin embargo es donde más errores vemos al revisar un motor que llega con problemas. El aceite no es un producto genérico: lleva aditivos calculados para la viscosidad, la temperatura de trabajo y las tolerancias de tu motor concreto. Montar un 5W30 sin la especificación correcta puede saturar el filtro de partículas, ensuciar la válvula EGR o dañar el catalizador con el tiempo.

Antes de comprar nada comprobamos la especificación exacta que pide el fabricante —no la que viene en la etiqueta genérica del bidón— y montamos el filtro correspondiente entre Mann, Mahle, Bosch o Hengst.

Qué se revisa en el proceso

Drenamos el cárter por completo, comprobamos que no haya fugas en las juntas de tapón y filtro, y llenamos a la cantidad exacta que marca el fabricante: ni de más ni de menos, porque un exceso de aceite también daña el motor. Reiniciamos el aviso de mantenimiento del cuadro y, si tu coche lleva libro de servicio, sellamos la operación.

Semi-sintético o 100% sintético

La diferencia real está en cómo se comporta el aceite en los extremos: en frío, un sintético fluye antes y protege desde el primer segundo de arranque; en caliente, mantiene mejor la viscosidad en autovía o con temperaturas altas de verano. Si tu coche hace trayectos largos por la A-2 o mucho uso de ciudad con paradas y arranques, el sintético amortiza su coste extra en menos desgaste. Te recomendamos siempre lo que pide tu fabricante, sin subir de gama artificialmente si tu motor no lo necesita.

Cuándo tocarlo

Como referencia: cada 15.000-20.000 km o un año en diésel, cada 10.000-15.000 km o un año en gasolina, lo que llegue antes. El tiempo cuenta tanto como los kilómetros: un coche que hace trayectos cortos por el centro nunca alcanza la temperatura óptima del aceite, que se degrada igual aunque el cuentakilómetros avance poco.